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Invisibilidad y creencias falsas de la traducción

La traducción forma parte de ese grupo de profesiones invisibles, pero imprescindibles. A diario nos encontramos con el trabajo de traductores y empresas de traducción sin ser conscientes de ello: cuando utilizamos uno de los programas de Microsoft, como Word o Excel, cuando entramos en nuestra cuenta de Facebook o de Netflix, cuando leemos un libro de un autor extranjero o vemos el último estreno de Hollywood, si osas leer el manual de instrucciones de tu iPhone o de tu Samsung, etc.

Son pocos los que piensan que detrás de todas esas palabras hay todo un entramado de traductores y agencias de traducción que desde su casa y oficinas trabajan duro para poder ofrecer traducciones profesionales y romper la barrera del idioma. La gran paradoja está en que una de las máximas de la traducción especializada es crear un texto traducido fiel al original en cuanto al sentido y que suene idiomático en la lengua meta, es decir, que no se note que se trata de una traducción. ¿Cómo va tener visibilidad el mundo de la traducción si los buenos traductores se esfuerzan precisamente en que una traducción no parezca una traducción?

No es extraño que esta falta de visibilidad y reconocimiento genere todo tipo de creencias falsas relacionadas con el mundo de la traducción que no hacen más que realimentar el desconocimiento sobre esta. Vamos a ver algunas:

1. La traducción es cara

La traducción es cara

Y yo me pregunto, ¿y cómo no va a serlo? No es una simple práctica, es todo un proceso. Tanto traductores autónomos como empresas de traducción ofrecen un servicio completo que debe de ser remunerado como tal. No se trata simplemente de traducir, ya de por sí laborioso y complicado en función de los temas, sino que es un proceso que engloba toda una serie se pequeñas etapas: documentación, terminología, contextualización, revisión y, a veces, incluso maquetación.

Asimismo, muchos consideran que la traducción es cara porque es vista como un proceso innecesario, fácil y banal, pero aquellos que, sabiendo idiomas, se han puesto a traducir ha comprobado que ni resulta fácil y que demanda tiempo. No se valora, por lo que se considera que es un servicio caro y exclusivo, relegado a un segundo plano. Sin embargo, al igual que una empresa no duda en contratar, por ejemplo, a un profesional de marketing para relanzar su imagen y venderse, ¿por qué algunas sí dudan en recurrir a especialistas de la traducción, ya sean traductores autónomos o empresas de traducción, a la hora de, por ejemplo, traducir una página web? ¿Por qué piensa en que ese trabajo podría hacerlo simplemente una persona bilingüe o un traductor automático como Google Translator?

Y esta última pregunta que planteo me lleva directamente a la segunda creencia. 

2. ¿Para qué recurrir a un traductor profesional si Google Translator lo hace gratis?

Google Translator

Ante esto, lo primero que tengo que decir es que yo ya desconfiaría de entrada de un programa que ofrece un servicio tan útil y práctico de manera gratuita. Google Translator, al igual que otros recursos de traducción automática, funciona hoy en día a través de automatismos. En concreto, Google ofrece su traducción a partir de ejemplos de textos extraídos de Internet que ya han sido traducidos. Esto tiene dos grandes desventajas:

  • La información que existe en la red no es siempre fiable, y no lo es, ni por lo que dice ni por cómo lo dice.
  • Las combinaciones de textos son infinitas. Por supuesto que pueden haber textos iguales, similares o parecidos, pero en la traducción influye mucho más que simplemente plasmar las mismas palabras: cuál es la finalidad del texto, el público meta, la intención del texto origen, etc. Los recursos de traducción automática pasan por alto muchos de estos aspectos, más cuando hablamos de un traductor automático genérico como Google Translator.

Aun así, no quiero que parezca que los profesionales de la traducción están totalmente en contra de la traducción automática porque no es así. Simplemente quiero señalar las limitaciones que tienen y queremos promover el uso de responsable de estas herramientas. Los recursos de traducción automática pueden ayudarnos a nivel personal a comprender un texto, por ejemplo, pero nunca deberían ser utilizados para una traducción profesional, ya que la calidad que puede ser nefasta. Si te interesa saber más del origen, evolución y uso profesional de la traducción, te recomiendo nuestro blog: “Presente, pasado y futuro de la traducción

3. Cualquiera puede traducir

Cualquiera puede traducir

En 1897, la compañía aérea American Airlines sacó una campaña publicitaria centrada en el eslogan «fly in leather», intentando potenciar sus nuevos sillones de cuero de primera clase. En inglés la campaña tuvo éxito. Sin embargo, tradujeron la frase literalmente en español, pasando por alto el doble sentido que evoca la frase «volar en cueros». Efectivamente, fue toda una metedura de pata.

Otro gran ejemplo, lo encontramos en una marca española: Mango. En 2014, la firma de moda española empezó a comercializar en Francia las «esclavas». En español una esclava hace también referencia a un tipo de collar o pulsera, pero en francés no tiene otra connotación que no sea la de una persona privada de libertad y utilizada para la explotación económica. Tuvieron que disculparse y retirar rápidamente la denominación «style esclave» de todas sus plataformas. Como puedes imaginar, esto afectó a la imagen de la marca en Francia.

Puedes ves más errores de traducción célebres en nuestro blog “Graves errores de traducción en empresas multinacionales”, pero estos dos ejemplos bastan para mostrar hasta qué punto es importante dejar nuestra traducción en manos de profesionales, ya que hay muchas competencias y conocimientos que estos han aprendido, que pasan desapercibidos para el resto del mundo. Un traductor profesional tendrá competencias lingüísticas muy avanzadas, pero también culturales del país meta, lo que evitará errores como los que acabamos de ver. Además, podrá enfrentarse correctamente ante otros retos idiomáticos como los falsos amigos, los extranjerismos, los refranes o las expresiones idiomáticas.

De la misma manera, los traductores profesionales deben tener conocimientos estilísticos y tipográficos de la lengua a la que traducen. Un traductor del francés al inglés sabrá, por ejemplo, que el francés es un idioma más rimbombante, mientras que el inglés es más sintético y podrá tener esto en cuenta a la hora de traducir. O, por ejemplo, un profesional de la traducción que se enfrente a un documento jurídico sabrá que en inglés americano la fecha se lee mes/día/año, en vez de día/mes/año, como sucede en español, francés o alemán.

4. Para traducir no hacen falta recursos ni herramientas

Para traducir no hacen falta recursos ni herramientas

Otra creencia muy difundida, es que para traducir basta con contar con el texto en sí. Sin embargo, como agencia de traducción especializada, sabemos que existen una serie de herramientas de traducción asistida que no solo resultan imprescindibles para llevar a cabo una buena traducción, sino que facilitan la labor al traductor.

En el mercado hay muchos programas informáticos como SDL Trados o MemoQ, que ofrecen la posibilidad de alinear documentos, corregir ortográficamente el texto o crear bases de datos terminológicas, memorias de traducción o glosarios. Contar con estos programas y saber utilizarlos resulta, hoy en día, imprescindible para la profesión, ya que se podrá garantizar que la traducción sea coherente y de calidad.

Estos programas son en su mayoría caros, pero son recursos con los que un buen traductor profesional o una empresa de traducción deben contar. Por ello, una persona que desee traducir un texto no sólo necesitará un ordenador donde realizar su trabajo, sino que deberá invertir en la licencia de estos programas para poder ofrecer traducciones profesionales.

5. El texto origen no importa al traducir

El texto origen no importa

Importa y mucho. En primer lugar, influirá mucho el hecho de que esté bien redactado. A menudo en la traducción nos encontramos con que el texto origen no está bien redactado, ya sea porque el estilo o porque contenga errores gramaticales u ortográficos. El traductor debe ser capaz de identificar estos errores y subsanarlos.

Un traductor que no sea profesional o que no tenga formación en la traducción, no sabrá cómo reaccionar ante esto. La actitud más frecuente es pensar: «el texto origen es así, por lo que tengo que reproducir dichos errores», pero esto es un error de novato, ya que como traductores profesionales no podemos ofrecer un texto que esté mal escrito y debemos, en la medida de lo posible, mejorar el texto origen. En este caso, la actuación correcta sería contactar con el cliente si es posible, informarle de dichos errores y corregirlos. Actualmente, esta situación se da muy frecuentemente cuando nos enfrentamos a una traducción de chininglish o chinenglish.

En segundo lugar, no todos los textos se traducen de igual manera. Hay distintas estrategias de traducción, como la traducción explicativa, las notas del traductor o la omisión, que el traductor deberá tener en cuenta según el texto y según la especialidad de este.

Por ejemplo, la traducción jurídica suele ser, en lo general, más fiel al texto origen, ya que suele prevalecer la información. En estos casos se suele recurrir mucho a la traducción explicativa en los casos en los que no existen equivalentes de los términos que funcionen en la lengua meta. En cambio, la traducción literaria es más libre. Se acepta incluso omitir algunas referencias y compensar dichas pérdidas en otro lugar del libro. Una vez más, aquí también influirá la opinión del cliente, en la medida en que este acepte una traducción más alejada del texto origen.

Como ves, antes de empezar a traducir, es importante analizar el texto origen y tenerlo siempre en cuenta durante todo el proceso, no solo su contenido, sino también su naturaleza, especialidad, formato y finalidad.

A la par de que vamos desmontando todas estas creencias falsas, llegamos a la conclusión de que efectivamente la traducción es un mundo complejo, ya que, además de que todas las disciplinas (derecho, medicina, finanzas, literatura, etc.) se sirven de ella, se necesita una serie de recursos y competencias para poder afrontarla correctamente. Así que, comparte este artículo y ¡empecemos a posicionar la traducción en el lugar en el que se merece!

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José Gambín

José Gambín Asensio es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia y en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada. Ha desarrollado diversas funciones como gestor de proyectos, maquetador, y traductor freelance y en plantilla. Desde 2002 es socio fundador de AL Traducciones y actualmente desarrolla el cargo de Director de Ventas y Marketing.

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