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Míriam Bernal Montoro: una traductora e intérprete atípica

Publicado el 17/07/2018

Míriam colabora con AL Traducciones desde hace muchos años. Esta profesional compagina su amor por los idiomas con un perfeccionamiento continuo. Es lo que la convierte en un modelo para muchos jóvenes traductores. Pero, ¡dejemos de hablar de ella y descubramos lo mucho que tiene que contarnos!

1. Antes de empezar ¿podrías hablarnos un poco de tu recorrido y de tus estudios? ¿Qué te llevó a elegir la profesión de traductora?

Bueno, creo que he seguido un recorrido muy estándar en nuestra profesión en el que he combinado los estudios de traducción con los de docencia: me licencié en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada, hice el CAP cuando ya estaba trabajando como traductora (entonces se cursaba en unos meses y no era un máster, como ahora), años después hice el Máster Propio para la Formación de Profesorado de Español como Lengua Extranjera de la UGR y más recientemente he cursado el Máster Universitario en Traducción Médico-Sanitaria de la UJI. Eso en cuanto a formación reglada, porque desde que me licencié en 2005 he realizado toda clase de cursos más o menos extensos de formación complementaria. Lo último que he hecho ha sido un curso de traducción jurídica de tres meses para refrescar contenidos que no veía desde la carrera.

En cuanto a lo que me llevó a escoger esta profesión, fue básicamente una casualidad: desconocía la existencia de los estudios de Traducción e Interpretación, pero siempre había querido estudiar Filología Inglesa y Periodismo, así que, cuando una amiga del instituto me habló de esta carrera y me comentó que iba a Granada a hacer la prueba de admisión de francés, pensé que se trataba de la combinación perfecta entre escritura e idiomas y me apunté a ese viaje que acabaría marcando mi futuro profesional.

Una vez que supe que estudiaría Traducción e Interpretación, la elección de mis lenguas B, C1 y C2 respondió a los motivos más ingenuos que puedas imaginar y que denotaban mi completa ignorancia de conceptos como «mercado laboral», «demanda» o «nicho de mercado»: escogí inglés para poder interpretar algún día entrevistas a grupos de rock en espacios como Radio 3; alemán, para leer a Nietzsche sin tanta nota al pie del traductor; y griego, para apreciar los versos originales de Cavafis. Como ves, era una ilusa de los pies a la cabeza…
 

2. Bueno, así suele ser. Muy poca gente tiene una idea nítida del oficio que le espera... Pero, ¿podrías contarnos cómo se han desarrollado tus campos de especialidad? ¿Fue el azar o fue elección propia?

Se suele decir que, en traducción, o bien escoges tu especialidad o tu especialidad te escoge a ti y, en mi caso concreto, sucedió esto último. Yo venía de unos estudios centrados siempre en las letras pero la demanda del mercado, los textos que fueron cayendo en mis manos y mi trabajo como intérprete telefónica de los servicios públicos, cuyo mayor volumen de llamadas se concentra en torno a los hospitales y centros de salud, acabaron por llevarme a la traducción médico-sanitaria. Además, gracias a mi trabajo como traductora jurada y mi colaboración continuada con bufetes de abogados de España y el Reino Unido, nunca he perdido el contacto con la traducción jurídica, así que en la actualidad estas son las dos especialidades que más trabajo. Ahora, si me preguntas con qué tipo de textos disfruto más, te diré que con los artículos de divulgación científica y los textos de marketing con juegos de palabras u otros retos lingüísticos similares, siempre que la fecha de entrega no esté a la vuelta de la esquina, claro está.

Míriam Bernal Montoro: una traductora e intérprete atípica

3. Has formado parte de distintas plantillas de traductores. Para ti, ¿cuáles son las mayores ventajas e inconvenientes de trabajar como traductora freelance?

La verdad es que conozco a muchos traductores que, tras un tiempo trabajando en alguna agencia de traducción, se decidieron a dar el salto al mundo autónomo y pocos son los casos contrarios, por no decir ninguno, que puedo nombrar. Y es que, en mi opinión, las ventajas del trabajo autónomo sobrepasan con creces el número de inconvenientes: puedes establecer el horario de trabajo que mejor se adapte a tus necesidades y circunstancias personales, puedes trabajar de forma remota desde cualquier sitio, lo que te permite combinar trabajo y ocio (aunque a veces eso implique hacer verdaderos ejercicios de malabarismo, como traducir a las 4 de la mañana en el suelo de un aeropuerto reclinada en la única columna con toma de corriente en muchos metros a la redonda), puedes rechazar trabajos que contravengan tu ética personal (yo, por ejemplo, no acepto proyectos militares ni de ciertas grandes empresas), puedes establecer tus propias tarifas en función del cliente y el encargo (sobre todo, con clientes directos; con agencias la cosa cambia) y, en general, tienes mayor control sobre tu tiempo y tu trabajo. Por supuesto, el trabajo autónomo también tiene sus inconvenientes: ausencia de vacaciones, desprotección en caso de enfermedad o pérdida de negocio, una pensión ridícula después de años aportando un dineral a la Seguridad Social y, en general, pocas prestaciones sociales en comparación con los asalariados. Lo ideal es que cambie la legislación para dar mayor amparo a los autónomos y equiparar sus derechos y prestaciones a los de las personas que trabajan por cuenta ajena pero, mientras llega ese día, al autónomo no le queda más remedio que tener una gran capacidad de previsión y autogestión.

4. Ser traductor exige muchas habilidades, pero ¿ocurre lo mismo con el servicio de interpretación telefónica? ¿Qué te aporta? 

Llevo ocho años trabajando a diario como intérprete telefónica para los servicios públicos españoles, sobre todo, los andaluces, y esto incluye una gran cantidad de servicios e instituciones: emergencias, policía, bomberos, ayuntamientos, centros de salud, hospitales, unidades de salud mental, albergues y casas de acogida, servicios sociales y un largo etcétera y, desde hace unos años, la agencia para la que trabajo ha conseguido contratos con empresas del sector privado, así que también interpreto para aseguradoras, hospitales privados, bancos, hoteles y hasta para el Museo del Prado. Cuando entra una llamada y cojo el teléfono, nunca sé si voy a dar una cita médica, asistir a un parto, explicar en qué consiste una hemicolectomía, enviar a un fontanero a reparar una fuga de agua o aperturar un siniestro de hogar. Ese factor sorpresa supone un subidón de adrenalina que no da la traducción y hace que el trabajo diario sea impredecible y emocionante, a pesar de no moverme de mi escritorio. Sin embargo, también tiene sus inconvenientes, como la interrupción constante del trabajo de traducción y la exigencia de ciertas cualidades que se van desarrollando con los años, como la templanza de los nervios en situaciones de vida o muerte y la capacidad de reponerse tras atender llamadas con gran carga emocional, como la atención a enfermos terminales o las entrevistas a víctimas de violencia de género.

Míriam Bernal Montoro: una traductora e intérprete atípica

5. ¡Qué intensidad…! ¿Qué es lo más estimulante de tu trabajo?

En la interpretación, lo más estimulante es sin duda constatar que mi trabajo sirve para lograr que se comuniquen personas que no se entienden, resolver situaciones lingüísticas complejas (a veces, los aspectos culturales son de vital importancia) e incluso traer un niño al mundo o ayudar a salvar una vida.

Por otro lado, en la traducción disfruto mucho con la mayoría de textos, sobre todo, con los científicos, y valoro inmensamente las oportunidades de aprendizaje y formación continua que ofrece esta profesión y, por qué no, la posibilidad de trabajar en pijama y calentita en el salón de mi casa en lugar de tener que desplazarme a una oficina y mojarme (viviendo en Reino Unido, la probabilidad de que te llueva de camino al trabajo es muy alta).

6. ¿Cuáles son para ti las principales cualidades que debería tener un traductor freelance?

Pues, además de las cualidades básicas comunes a las de cualquier traductor en plantilla, como un conocimiento sólido de los idiomas de trabajo y de los ámbitos de especialización o una escritura fluida capaz de adaptarse a distintos registros, creo que el trabajo autónomo exige unas grandes dosis de disciplina, autogestión, resolución de problemas, actitud proactiva (¡cómo odio este palabro!), versatilidad, formación continua y, sobre todo, capacidad de reinventarse si las circunstancias lo requieren.

7. Adaptarse, especializarse, reinventarse… ¿Qué consejos darías a una persona a la que le gustaría ejercer tu oficio?

La profesión de traductor e intérprete es sacrificada y no suele servir para hacerte millonario, así que a esa persona le diría que se piense dos veces dónde se está metiendo… Bromas aparte, le aconsejaría que no dejara nunca de ser curiosa porque su conocimiento enciclopédico (o anecdótico, porque los traductores acabamos sabiendo de cosas totalmente peregrinas que nos convierten en candidatos ideales para concursos como Saber y ganar) puede salvarle en más de una ocasión.

Míriam Bernal Montoro: una traductora e intérprete atípica

También le diría que se olvide de competir por precio porque siempre habrá alguien que lo haga más barato que tú y porque el establecimiento de unas tarifas decentes no solo te permite vivir bien sino que repercute sobre todos los compañeros al dignificar la profesión. Por último, le recomendaría que, en lugar de abarcar muchos campos, se centrase en una especialidad y explotase todas las salidas que ofrece, ya que la especialización permite elevar las tarifas y genera mucha satisfacción al trabajar en un ámbito que te gusta y que conoces bien.

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Elodie Anthian

Elodie Anthian es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Toulouse (Francia) y máster de Traducción y  Intermediación Cultural (EN-ES>FR) por la Universidad de Salamanca. Actualmente ejerce como Gestora de Proyectos en AL Traducciones.

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